Un dragón corporal, narrativo, surrealista… y dorado

Para la inventora de El efecto Koala.

Hace un tiempo, un día, un chileno de visita en la ciudad de México, al pasar por el Palacio de Bellas Artes descubrió que Joan Manuel Serrat cantaba allí esa noche y dijo a su anfitriona mexicana cuanto le gustaría escucharlo. Ella, para complacerlo, y luego de intentar inútilmente conseguir boletos, fue a la entrada de la sala, donde le dijo a uno de los vigilantes: “queremos ver a Serrat, somos dos y sólo tenemos 200 pesos” (la entrada por cada uno costaba 500), el vigilante le pidió esperar y después lo llevó con una acomodadora que a cambio del dinero les consiguió un lugar en la parte más alta de la sala de conciertos.

El chileno contó a sus amigos, durante mucho tiempo, de las influencias de su anfitriona, quien, por pudor nunca le dijo cómo habían conseguido entrar a la sala. A ella, conocedora de ese y más trucos para sobrevivir en la ciudad, hacer esto le parece lo más común del mundo y al mismo tiempo le cuesta trabajo imaginar la vida de un ciudadano común en un país como Alemania o cualquier país desarrollado donde se supone que la gente hace “lo correcto” todo el tiempo, o al menos así parece. Lo que sí podría imaginar sin problema es la vida de un indocumentado latinoamericano intentando sobrevivir en Estados Unidos y por analogía a los africanos, turcos y asiáticos sin documentos, en países donde casi todo tiene un orden riguroso, como Alemania.

En ese país transcurre la obra de teatro El dragón dorado, escrita por el dramaturgo Roland Schimmelpfennig, nacido en Gotinga, Alemania, en 1967, y dirigida por  Daniel Giménez Cacho, que muestra a un grupo de cinco orientales que trabajan en la cocina del restaurante “El dragón dorado”, un espacio estrecho y caluroso, donde preparan platillos orientales, a toda prisa, que serán servidos por la mesera bonita.

El Dragon_Dorado UNAM en el Teatro de Santa Catarina, en Coyoacán
Actores de El Dragon_Dorado. Foto de de la sala de prensa de la Coordinación de difusion cultural de la UNAM

El escenario es un rectángulo formado por mesas estrechas, donde apretujados dentro de ese espacio, los orientales, chinos, vietnamitas, qué más da, formados por tres cocineros orientales, un muchacho asiático con dolor de muelas y una cocinera asiática ,se transforman y cuentan paralelamente las historias de una nieta y su abuelo, de una pareja de jóvenes amantes, un par de aeromozas; la hormiga y la cigarra; un hombre de camisa de rayas y una mujer con vestido rojo; Hans el tendero y el hombre de camisa de rayas; Eva la aeromoza y su Barbie-fucker, Inga, la aeromoza y su relación con una muela de origen desconocido, y la madre, el padre y el tío del muchacho asiático con dolor de muelas.

Cuenta Roland Schimmelpfennig que su obra se originó en dos momentos: cuando un abogado amigo le pidió escribir sobre la migración ilegal en Alemania, sobre todo acerca de los expulsados recluidos en cárceles de ese país. Al autor le pareció una tarea difícil por lo abigarrado de los inmigrantes: europeos del este, africanos, asiáticos, entre otros. El otro momento ocurrió cuando unos de sus colegas suecos le pidieron escribir una obra que debía ser corporal, narrativa y surrealista, calificativos que, por cierto, definen bien a El Dragón Dorado, donde destaca el trabajo físico de los actores.

En el fondo de todas las historias contadas en El dragón dorado se plantea la pregunta ¿qué pasaría si pudiera ser otra persona? De hecho, uno de los personajes se pregunta en voz alta “Si pudiera ser alguien completamente distinto de quien soy. Si pudiera ser alguien completamente distinto de quien tengo que ser.” Seguir a cada uno de los personajes de El dragón dorado no es una tarea apta para quien sufre vértigo o le gusta etiquetar todo y a todos, pues las fronteras parecen diluirse entre los actores y sus personajes, tal y como ocurre a los occidentales con los platillos orientales y sus ingredientes, que después de un rato les parecen todos semejantes y sus diferencias, mínimas.

Este ejercicio escénico hace preguntarse ¿qué es el teatro más allá de la escenografía y las historias, cuál es su esencia? A la mente me vino un cuento de Jorge Luis Borges llamado “En busca de Averroes“, incluido en el libro El Aleph, en el que cuenta lo difícil que, para quien sería conocido como Averroes, era definir la comedia y la tragedia mencionadas por Aristóteles en las traducciones de las traducciones que poseía, pues limitado por el Islam no tenía manera de saberlo, además, los libros con que contaba no tenían ninguna explicación. Más tarde, Averroes en una charla con amigos escucha en boca del viajero Abulcásim la descripción de una práctica en el reino de Sian Kalan (Cantón), donde fue llevado a una casa con personas que “padecían prisiones y nadie veía la cárcel; cabalgaban pero no se percibía al caballo; combatían, pero las espadas eran de caña; morían y después estaban de pie”. Al final del cuento, Averroes, su casa, sus jardines, sus fuentes, desparecen cuando Borges deja de creer en él y (simultáneamente) el cuento acaba.

Patricia Ortiz, actriz de El Dragón Dorado
Patricia Ortiz, actriz de El Dragón Dorado

En El dragón dorado vivimos ficciones dentro de la ficción que, al igual que ocurre en el cuento de Borges, desaparecen cuando los orientales-actores dicen “buenas noches” luego de un agitadísimo viaje por un microcosmos unido por los personajes, el restaurante y la comida, en cual, aunque el trabajo actoral de todos es excelente, destaca la presencia de Patricia Ortiz, una actriz dueña de unos recursos histriónicos impresionantes.

Finalmente, la producción artística de El Dragón dorado es de Piedad Teatro Producciones, AC, una compañía productora fundada en 1999 por Ana Graham, actriz participante en este montaje también, que se propone acercar al público mexicano a los textos más importantes del teatro contemporáneo.

¡Enhorabuena por este gran trabajo!

El Dragón dorado  se presenta hasta el 20 de noviembre en el Teatro Santa Catarina, en la plaza del mismo nombre en Coyoacán.

Progreso esq. Francisco Sosa 10, Jardín de Santa Catarina Barrio de Santa Catarina CP 04000, Coyoacán, Distrito Federal Tels.: (55) 5658 0560

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