En cada cañada, por cada valle,
nuestros cuerpos, egoístas, interpretan su concierto.
Húmedas, con tu savia nocturna,
mis manos dibujan un mapa en tu piel,
y
nuestras bocas aroman la oscuridad.
Somos sabios,
somos savia, somos sangre,
somos vida que no cesa de latir.
